Los científicos lo tienen claro. Los niños nacen con un potencial creativo increíble que van perdiendo con los años. ¿Pero por qué algunas personas conservan esa capacidad? ¿Puede desarrollarse? ¿En qué parte del cerebro está la chispa de la genialidad? Hablamos con científicos y visionarios en busca de respuestas. Porque solo con creatividad podremos salir de esta.
Steve Jobs creía que las mejores ideas surgen en el cuarto de baño y en la
cafetería, charlando con los colegas. Introspección e interconexión: dos
ingrendientes de la creatividad. Cuando se fue de Apple y fundó los estudios de
animación Pixar, su preocupación no eran las películas, sino obligar al mayor
número de empleados a que compartiesen los momentos de mayor intimidad y la
franja más relajada de la jornada de trabajo (la hora de comer). Estaba seguro
de que la chispa de la genialidad surgiría entonces, no en los despachos.
Así que rediseñó los planos de los estudios, que en un principio eran tres
oficinas separadas: informáticos, animadores y directivos. Volvió loco al
arquitecto hasta que consiguió lo que quería: un solo edificio con un gran
atrio central. Allí ubicó una gran cafetería y los únicos aseos. La interacción
del grupo estaba asegurada. «Las mejores reuniones ocurren por casualidad, en
el vestíbulo, en el aparcamiento o mientras te lavas las manos», decía.
Resultado: Toy story y otros 11 taquillazos, con una media de recaudación de
500 millones de euros.
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