
Es verdad aquello de que sería maravilloso poder
elegir a nuestros familiares, pero a todos los mortales nos toca chantarnos,
aguantarnos -con buena o mala cara- lo que el destino nos deparó, y eso lo supo
Napoleón Bonaparte mejor que nadie. Tuvo hermanos codiciosos a
los que colocó en tronos europeos que al final terminaron siendo títeres de sus
enemigos. De todos sus hermanos, Pauline era su favorita y en reciprocidad fue
ella la que lo acompañó y apoyó hasta el final, hasta en el destierro.