miércoles, 19 de junio de 2013

WeTripantü "Lo Nuevo del Año" , Año Nuevo Mapuche se celebrará en San Bernardo - Santiago de Chile

  
El solsticio de invierno, es la noche más larga del año, que en la cosmovisión de la "gente de la tierra" tiene un profundo significado. El fin de un ciclo y el comienzo de uno nuevo. 
La tierra se manifiesta. Sus cambios naturales son evidentes sobretodo en cuanto las estaciones del año. El solsticio de invierno se da en el Hemisferio Sur entre el 20 y el 23 de junio, y es por estas fechas, más precisamente entre el 18 y el 24 se celebra el Año Nuevo mapuche o We Tripantu. Son varios otros pueblos originarios quienes celebran este cambio de ciclo lo que demuestra su entrañable relación con la Tierra y sus fuerzas creadoras que ocasionan modificaciones en todo aquello que habita en su faz.
La Municipalidad de San Bernardo invita a participar en la versión de este año del We Tripantu. El evento se llevará a cabo este 22 de junio de 2013, a las 11:30 horas en el Cerro Pucará de Chena. En el lugar habrá degustación de Comidas Típicas, Grupos Artísticos, entre otras actividades. Habrá buses de acercamientos desde el frontis de la Municipalidad de San Bernardo, Eyzaguirre 450 a partir de las 10:30 horas del día Sábado 22 de Junio de 2013, y en otros lugares del país. 

A fines del siglo XX los mapuche comenzaron a recuperar la práctica del Wiñoy Tripantü o Año Nuevo Mapuche, a ambos lados de la cordillera. Para reconstruir la práctica, se limitaron a observar a sus mayores y formular las preguntas pertinentes. Veían los weche más inquietos que todos los 24 de junio, antes de que saliera el Sol, los más ancianos se dirigían hacia el curso de agua más cercano: un arroyo, un río, una laguna o un estero. Veían también que a pesar del frío reinante, los futrakeche se lavaban sus manos, sus rostros, su cabeza, sus piernas... Los más audaces –los más convencidos- podían sumergirse íntegros en la líquida gelidez. Luego, renovado el cuerpo por el accionar del newen del ko, los mayores hacían su ngellipün para recibir al Sol que comenzaba a asomar. ¿Qué significaba ese ritual que ni la Iglesia ni las sectas habían podido erradicar después de más de un siglo?
Gracias a la relación que supieron establecer con todos los newen que los rodeaban, los antiguos mapuche fueron capaces de observar con paciencia y detenimiento el comportamiento de la naturaleza. La experiencia les enseñó, como a muchos otros pueblos, que el tiempo se desarrolla a través de ciclos, no de manera lineal, como se impuso en el Wallmapu más tarde.
Cada una de esas evoluciones temporales presenta determinadas características y durante su extensión, suceden cosas propias de cada época:
Uno) Un primer momento abunda en lluvias o nevadas, según el territorio que toque habitar. Es en esa época cuando casi imperceptiblemente, la vida vegetal comienza a germinar, los brotes se asoman tímidos y frágiles. También los animales experimentan cambios e inclusive los seres humanos que viven en comunión con la itrofil mogen – la naturaleza, la vida en su conjunto- sufren alteraciones. 
Pero sobre todo, el día empieza a avanzar sobre la noche. Durante estos meses, resulta inclemente la vida al aire libre así que es tiempo de prolongadas charlas en torno al fuego de las ruka: afloran los epew que recuerdan los futrakeche, los pichikeche escuchan absortos mientras se consumen los vicios que cada familia acumuló para sobrellevar el rigor del pukem, período al que los winka llaman invierno. 
Su instante inaugural está dado por la noche más larga, la que media entre el 23 y el 24 de junio, según el calendario de los occidentales. Si bien esa es la fecha que fue instituida, algunos grupos mapuche sostienen que las ceremonias deben llevarse a cabo en coincidencia exacta con el solsticio de invierno. Ese fenómeno no se produce todos los años el mismo día, por eso prestan atención a las observaciones astronómicas. Antiguamente, los lofche podían permanecer semanas en torno al lelfün, hasta que llegara el momento.
Es que la llegada del año que vuelve o wiñoy tripantü, también está marcada por la reaparición en el firmamento de una constelación que desde el Wallmapu deja de verse por algunas noches. Se trata de las Pürapagaw, a las que en castellano llaman Siete Cabritos o Pléyades. Cuando su pálido brillo se instala una vez más en el firmamento, los mayores mapuche afirman con gozo ¡wiñoy tripantü! (ha vuelto el ciclo). 
Según la identidad regional o parcialidad de que se trate, también podrán exclamar we tripantü (lo nuevo del año), wüzal tripantü (momento en que el tiempo que culmina se transforma en el que comienza) wiñol tripantü (que hace volver al ciclo) o sencillamente, pürapagaw.
Dos) Después del Wiñoy Tripantü, los días comienzan a alargarse y el Sol, vuelve a acercarse al lugar que el territorio ancestral mapuche ocupa en el planeta. Despacito: kiñe xekan alka wiñotuy antü. Más tarde, el aire se entibia. El crecimiento de los brotes se acelera, árboles y plantas florecen. Los animales renuevan el pelaje que tanto les abrigó durante el pukem y en los campos es hora de sembrar. 
También es tiempo de parición entre los kuyiñ. Cuando el mapuche era un pueblo libre, los mayores salían con sus ganados de los potreros de invernada para conducirlos a las veranadas. Hoy esa costumbre ancestral se ve dificultada por la presencia de los alambrados y el cercenamiento territorial, pero los lofche que pueden hacerlo, la recrean. Esta segunda etapa del ciclo es el pewu, estación que los winka llaman primavera.
Tres) La tercera es el walug, el verano. Los frutos de la naturaleza maduran y donde se siembra, llegó el turno de la cosecha. En las comunidades donde las ovejas se han convertido en un recurso de supervivencia económica es momento de proceder a la esquila. Desde el punto de vista espiritual, durante el walug se celebran los kamarikün o ngillatun, en las fechas que define cadalofche.
Cuatro) Rara vez las lluvias se hacen presentes y los días, comienzan a acortarse y dejan terreno a la noche. Comienza el ciclo descendente. Ese fenómeno es claramente percibido durante el chomungen o trafkem, el otoño de los winka. Los árboles que no tienen follaje perenne cambian de tonalidad y luego dejan caer sus hojas a la espera del renacimiento. Llegan las primeras lluvias, las colores grises se familiarizan una vez más con la wenu mapu o tierra de arriba –cielo, dice el cristiano-.
Toda la naturaleza indica que un ciclo está llegando a su fin. Sabedores, los mapuche de antaño retornaban a sus invernadas. Los grandes fríos se instalan en el paisaje y para prever, la gente de la tierra se abastece de yerba, azúcar, harina, piñones, leña y otros menesteres para afrontar la dureza que se aproxima.
El chomungen finaliza cuando las Perapagaw reaparecen en la noche más larga del año y entonces, vuelta a empezar: Wiñoy Tripantü dicen los mapuche. Durante esa jornada “se habla por todos reafirmándose así la vida comunitaria, social, política, cultural y espiritual. En ese día se instruye a los niños sobre su origen como personas, el de sus familias, su comunidad y su pueblo. A los más pequeños se les pondrá nombre, el que expresará su particularidad individual dentro del conjunto”.
El WeTripantu para el Pueblo Mapuche que coincide y se realiza en el solsticio de invierno austral en el hemisferio sur, es un día sagrado y de profundo respeto, donde se renueva un ciclo de producción, de conversación con la Tierra. Es la fecha, en que se produce la noche más larga del año y el inicio de las lluvias más intensas que prepara a la naturaleza para acoger y favorecer el maravilloso crecimiento de la nueva vida, todo ello en perfecta armonía por parte de los hijos de la tierra, plantas, animales, insectos, aves; de las personas con la naturaleza, es decir, el che es un invitado que se entremezcla con los demás. 
La propuesta de Enama solo señala un deseo de tener un día “libre” para una gran fiesta, pero de seguro muy parecida a una celebración occidental y lejos de una fecha de celebración ancestral como la ve el mapuche en sus comunidades y en los lugares donde se encuentren y que acompaña a la madre naturaleza en su fiesta, en su alegría por la nueva salida del sol, en el regreso de la vida de sus hijos. Ese es el festejo que realiza el mapuche, de la forma más natural aportando con lo suyo, con lo propio y no en querer hacer de WeTripantü una fecha similar a un año nuevo occidental. Es mucho más importante que eso para nuestro pueblo. 
Pretender que el gobierno decrete un día feriado por esta fecha, avala lo que el estado siempre ha querido realizar y que es la folklorización de nuestra cultura, del ancestral significado del WeTripantü: 
Son las autoridades espirituales del Pueblo Mapuche que en esta fecha no esperan un día feriado para celebrar, sino que en esta nueva salida del sol puedan también compartir alegría de renovar los sueños, esperanzas y compromisos en la noche larga haya y donde la naturaleza da paso a un nuevo ciclo de vida, permitiendo avanzar hacia ese futuro mejor negado. 
Y les aseguro que para el Pueblo Mapuche en este WeTripantü, se renovarán también las fuerzas para continuar con los procesos reivindicativos y demandas, porque queremos ver también florecer la sonrisa en nuestros niños junto a la tierra entregando los alimentos y no regadas con perdigones. De nada sirve un día “rojo” en el calendario, ese color ya es símbolo de resistencia por cientos de años, es el mollfüñ de un Pueblo.  ¡¡We Tripantü Para Todos, We Tripantü Kom Pu Che !!!  Gonzalo Manquepillán O.

Fuente:
http://www.azkintuwe.org/20120724_001.htm#.T-QHh7yVPuw.twitter
http://www.veoverde.com/2012/06/infografia-conoce-la-celebracion-del-ano-nuevo-mapuche-o-we-tripantu/
http://identidadyfuturo.cl/2013/06/san-bernardo-we-tripantu-en-pucara-del-cerro-chena/
http://www.thomasjefferson.cl/2011/06/wetripantu-2011/
http://www.mapuexpress.net/?act=publications&id=7957
http://fiestoforo.blogspot.com/2010_07_01_archive.html