miércoles, 5 de marzo de 2014

Efecto Tuning: La Globalización de la Educación y el Fin de la Historia, Parte Dos de Giovanna Benedetti

El Efecto Tuning

Artículo Original de Giovanna Benedetti, Abogada y Escritora Panameña 

Que la educación y la cultura se piensan hoy desde las ideas de la economía de mercado es cada vez más perceptible. Lo que quizás se nota menos es el proceso de reestructuración que esta gobernando el sistema o el proyecto bajo cuya impronta se está empujando esta tamaña operación global. 
El proyecto se llama Tuning, en América Latina y el Caribe se conoce como Alfa Tuning, y a la fecha se encuentra establecido en la República de Panamá, y en la mayoría de los países del mundo “Occidental”.
La idea detrás del nombre es clarísima: La palabra “TUNING”, que es inglesa, significa “afinación”, “sintonización”, “acuerdo de tono” “puesta a punto” o “sintonía”. 
En inglés, su uso cotidiano es amplio pero no demasiado  polisémico, por lo que la connotación primaria no tiene perdedero: se trata de sintonizarse en un único tono, de hacer sonar al conjunto de la educación global en una misma armonía y bajo una clave idéntica.
El proyecto ALFA-Tuning-América Latina brota de la experiencia del Tuning Educational Structures in Europe11, nacido a su vez como programa modular del proceso de Bolonia de 2001. 
El proyecto latinoamericano emerge durante la IV Reunión de Seguimiento del Espacio Común de Enseñanza Superior de la Unión Europea, América Latina y el Caribe (UEALC) en la ciudad de Córdoba (España) en Octubre de 2002 en el que participan 186 universidades latinoamericanas que regresaron a sus respectivos países con la comisión de establecer centros nacionales de AlfaTuning. 
Desde esta dirección digital se puede entrar a cada uno de los portales de los CNT (Centro Nacional Tuning) de América Latina y consultar referencias documentales:


Enseguida, y como un derivado del Proyecto europeo Reflex (The Flexible Professional in the Knowledge Society), se viene desarrollando ahora su versión latinoamericana, bajo el nombre de proyecto Proflex (El Profesional Flexible en la Sociedad del Conocimiento). 

Todas estas propuestas y programas transnacionales generan profundas contradicciones en la región, las cuales están íntimamente ligadas a la discontinua inserción en el proceso de la economía mundial. 
Al igual que el Tuning, su objetivo es instalar nuevas reglas económicas respecto de la gestión del conocimiento:
 Pensar el aprendizaje como “producto de inversión”, donde la referencia más importante es la necesidad constante de “rentabilización” del conocimiento, la captación de “estudiantes-clientes” y la alianza estratégica entre centros de estudios y empresa.
Aquí en España, lugar de mi residencia, el proyecto Tuning (que a ratos llaman “Bolonia”, por ser ésta la madre del cordero) no ha escatimado esfuerzos en su “sintonizaciones” educativas:
  •  ha eliminado becas, 
  • ha prescindido de materias y 
  • ha echado a la calle a cientos de miles de educadores. 
La nueva Ley LOMCE pone la educación bajo las pautas del mercado, y presume de una transformación que no sólo asemeje a las escuelas a las formas de organización empresarial, sino que además fortalezca su alianza con ésta. Y es que en este modelo de sintonización global, la función social asignada a la educación se calcula según su apoyo al crecimiento económico.
Así, a medida que la contribución cultural se diluye, se promueve “el apoyo a la competitividad educacional y su adecuación a las industrias”. (José Joaquín Brunner: Mercados Universitarios, 2008). La idea es que sean las funciones económicas las que primen sobre cualquier objetivo de educar a una ciudadanía. 
Se trata, pues, de una plataforma que prioriza el emprendimiento y la competitividad como valores cardinales del sistema educativo, y que apuesta por educar a todo el estudiantado en un sistema orientado a suplir las demandas del mercado de trabajo en un horizonte de competitividad global que fomenta el “individualismo posesivo”, patrocina la democracia limitada y empuja el paso del capitalismo nacional al transnacional.


En el corazón del proyecto Tuning está el llamado “enfoque por competencias”, que de lo que trata es de estandarizar el aprendizaje a partir de una serie de competitividades rentables en el mercado
Dentro de este recetario, los aprendizajes se seleccionan y adiestran no en función de aptitudes que favorezcan el desarrollo de capacidades críticas, creativas y transformadoras, sino por su contribución a la productividad económica. 
Todo se circunscribe a “sintonizar” (tune in) el esquema de los aprendizajes a los requisitos e intereses del mundo empresarial. 

El objetivo es ir encajando, sintonizando (tuning) el sistema educativo de cada país dentro de la hoja de ruta global de la economía neoliberal transnacional y financista. Esta noción de competencias o destrezas útiles, que afectará, una vez instalada, a todos los circuitos de la enseñanza y el aprendizaje, representa una gravísima amenaza para la libertad cultural de cualquier región o espacio educativo, ya que como está ocurriendo justo ahora en Panamá (véase el Decreto Ejecutivo 21 de 31 de enero de 2014) va encaminada a suprimir o diluir aquellas asignaturas y grados que no conducen inmediatamente al mercado. 
Las disciplinas y graduaciones amenazadas son entonces las humanistas: Filosofía, Letras, Sociales, Historia, Cívica, Estudios Culturales, etc.
La economía de la educación no considera al conocimiento como valor de uso sino como puro valor de cambio. Es decir, no cree que los conocimientos deban de ser medios creativos con los cuales se pueden generar bienes, organizar servicios y concebir obras de todo tipo, sino que los supone mercancías en sí mismos. Es parte del ADN del neoliberalismo financiero que necesita tasar y facturarlo todo como un objeto rentable y que no en el cultivo y formación del conocimiento humano sino un bono comprable y transable que se puede invertir en bolsas de valores, vender en el mercado como un producto de la cesta de la compra.
Es importante alertar sobre un hecho que aparece a ratos solapado: y es que al espacio de esta “educación globalizada” los países y las regiones afluyen desde diferentes trampolines: Plan Bolonia, Proyecto Tuning, Reflex, Keflex, acuerdos regionales, compromisos “casados” con tratados de libre comercio, obligaciones de Estado sujetas a compromiso, etc. El asunto es que una vez que han entrado la trama, y ligados como están por deberes de contrato, no les queda más remedio que acatar las instrucciones. 
La globalización a fin de cuentas es una trampa sin huellas: primero comprometen a los gobiernos con normativas internacionales de forzoso cumplimiento, luego les recortan la libertad de maniobra en sus políticas internas, y si salen del tracto, les cargan con sanciones.
Ahora bien, la gran trama controla los gobiernos pero no es inmune al pueblo. La gente, la comunidad, las sociedades cívicas continúan siendo su talón de Aquiles. 
Lo sucedido en México en 2008, después de la eliminación de las materias de Humanidades y Filosofía del plan de estudios (como parte del Proyecto Tuning), es alentador y sirve como precedente. La lucha y las demandas sostenidas por la comunidad educativa mexicana consiguieron eco a nivel mundial en países como España, Francia, Uruguay, Costa Rica, Cuba, Chile, Colombia y Estados Unidos. 
En 2013, se logró la incorporación "fáctica" de cuatro materias filosóficas en los subsistemas de bachillerato tecnológico y se aprobó en el Senado una iniciativa que propone al Gobierno Federal la introducción de "La enseñanza de la Filosofía en la Educación Básica". (Ver: Observatorio Filosófico de Morelos)
La cátedra destruída: una reflexión final

En la transmisión de la memoria de todo pueblo, hay una serie de lugares de iniciación privilegiados que se vuelven relevantes como espacios de aquilatamiento de la conciencia colectiva. 
La cátedra de Relaciones de Panamá con los Estados Unidos era uno de esos espacios; un entorno privilegiado que servía de marco para la cimentación de una identidad histórica incluyente. 
Su objetivo era el de propiciar en los estudiantes una conexión con su propio pasado, favoreciendo la captura en el tiempo de la identidad nacional panameña mediante la creación de un nexo con el presente y el futuro. 
No se creó para generar antipatías, ni estuvo el oficio de provocar hostilidades, como cree el presidente Ricardo Martinelli.
Con la cátedra de Relaciones se buscó desde el principio llevar la idea de la reivindicación soberanista a un espacio público que le diera visibilidad y educara a las nuevas generaciones. Su propósito era el de examinar y registrar las memorias colectivas, las presencias disidentes, las relaciones en conflicto y las voces silenciadas.
Decir que se derogó la Ley 31 del 29 de enero de 1963, creadora de dicha asignatura porque “las condiciones que propiciaron su origen han sido superadas”, es admitir que no se entiende un hecho incontestable: que la Patria no es “una condición” ni siquiera un acontecimiento, y que por lo tanto no puede ni debe ser “superada”.
Y es que no estamos hablando de la Historia de Panamá en general, ni tampoco de una selección de su conjunto, sino de un imaginario específico y rotundo: la Gesta de la Soberanía como simbolización concreta, concebida como una multiplicidad de manifestaciones y facetas en la que entra no sólo lo historiográfico, sino también lo popular, lo filosófico, lo social, lo creativo, lo  artístico, lo folclórico, lo político, lo sentimental... 
La Gesta de la Soberanía es esa parte del conocimiento patrio que se ocupa de la razón fundacional de la nación panameña, y ello debe producirnos orgullo; no vergüenza, ni rechazo, ni mucho menos pudor frente a la mirada ajena.
Eusebio A. Morales —esa “conciencia crítica de la República” como le definió Diógenes de la Rosa— estaba convencido de que la existencia de Panamá como nación dependería siempre de la conciencia del propio ser sobre la base de una exacta mesura de lo panameño. 
“Nuestro país —decía— necesita ante todo y sobre todo el cultivo del sentimiento de la nacionalidad; [pues] por encima de los ideales partidistas, por encima de los enconos y de las luchas individualistas, [debe] imperar la inalterable voluntad colectiva de vernos a nosotros mismos como integrantes de una “entidad moral segura frente al futuro”.
En las memorias en conflicto siempre hay dos (o más) partes que sitúan sus diferencias en una misma región o territorio. Ese es el caso de los países que abocan a rescatar sus memorias históricas provenientes de una guerra civil, de diferencias políticas o de enfrentamientos internos. La belleza del caso panameño es que se trata de una memoria colectiva prácticamente homogénea, que se ha integrado de mar a mar sin divisiones ni fracturas, y que sigue allí en el istmo como una roca eterna. Esa roca es la que nos identifica y no nos gusta que se la remueva; y es que de hecho, en nuestra historia, hay rocas inamovibles.

La primera parte de este excelente artículo de la Abogado y Escritora Panameña Giovanna Benedetti se puede leer en http://alenclaridad.blogspot.com/2014/03/la-globalizacion-de-la-educacion-y-el.html