jueves, 6 de diciembre de 2012

Viaje por un una Cultura Milenaria



Autor: Sonia Ehlers S. Prestán
Colón, República De Panamá 
  soniaehlers@hotmail.com 
Fotos: Colaboración de Daniela Navarro Silva 

El Cusco ubicado en una latitud de 3,399 metros sobre el nivel del mar. Población de 1,265,827 habitantes. Hablan español, Quechua (el hablar del valle) y en algunas regiones como Puno, Aymara. 
     Machu Picchu, montaña vieja, fue encontrada en 1911 por el investigador y profesor de Harvard Hiram Bingham.  Durante su excursión investigativa en el Cusco entrevistó a Melchor Arteaga que le dio algunas pistas de la montaña, pero el que lo condujo hasta la cima fue el niño Pablo Álvarez.  Las palabras de Bingham fueron: “Quien podría creer lo que he encontrado”.


Miércoles, 7 de septiembre del 2011- En la sala de espera del aeropuerto  ya se sentía el ambiente ante lo desconocido: alpinistas y gente con pequeños tanques de oxígeno en caso de urgencia.
     En el hotel nos dieron la bienvenida con té de coca. Un hermoso florero de aves del paraíso adornaba el  salón colonial. Descansamos  tres horas.  Ya estábamos prevenidas que el cuerpo necesita por lo menos 24 horas para producir la cantidad de glóbulos rojos que son los que llevan el oxígeno al cerebro y que nos permitiría  torear  el mal de alturas (soroche).  
 Fuimos 4 amigas que nos conocimos en Suiza hace más de 4 décadas.  Christina, sueca residente en Canarias; María Adela, española radicada en Valencia; Norma, peruana, y yo, de Panamá. Teníamos más de 35 años de no viajar juntas cuando nos volvimos a re-encontrar.
    La ciudad de Cusco está construida sobre ruinas incas. La cultura Inca data de 1200 a 1500 D.C.  Son piedras muy grandes, de tono gris acero, pulidas, al tocarlas tienen una tersura casi textil, muy bien alineadas una sobre otra que embonan perfectamente por todos lados.  Las paredes tienen una ligera inclinación piramidal que evita se caigan en caso de temblores, las orillas son terminadas en pequeños ángulos.  No cabe ni una hoja de papel entre piedra y piedra.   
Se entremezclan arquitecturas de  la época inca y la colonial. Callejones empedrados y estrechos, canales de unas 6 pulgadas en medio de los callejones por donde corre el agua (yaku),  escaleras (patapata) empinadas que nos llevaron hasta el Templo de San Blas, fundado el año 1560, que queda en un barrio de artesanos.  El esfuerzo de subir cada peldaño nos agotaba; cada paso que dábamos era como subir dos pisos de escaleras y nos dejaba sin aire.   
Afuera del templo había un desfile. Todos estaban uniformados de rojo muy pintorescos con tambores (huancar) y cornetas celebrando algún acontecimiento.   El templo tiene su altar de oro, su púlpito rococó fue tallado y armado a presión sin usar clavos, por artesanos locales.  En las paredes hay gigantescos lienzos con motivos bíblicos pintados al oleo, un fresco de la Virgen, invaluable, que lastimosamente, está sufriendo la inclemencia del tiempo. 
    Después nos enfilamos hacia la Plaza de Armas (Huacaypata, que significa lugar de llanto o de encuentro).  Aquí fue donde Francisco Pizarro proclamó la conquista del Cusco en 1533.  Cada año celebran en esta plaza la Fiesta del Sol (Inti Raymi).  Antes de llegar a la plaza pasamos por el callejón donde está la piedra de los 12 ángulos:  Lo espectacular de esta piedra es que en cada ángulo embona  otra piedra que va soportando o alineándose con otras para lograr una gran muralla hasta llegar a la plaza.  Espectacular la iluminación, los jardines, la construcción que la circunda con sus retablos. Todo armoniza: la limpieza, la seguridad, la amabilidad y cortesía.  
 Y por supuesto, los vendedores ambulantes, vistiendo sus trajes costumbristas, mujeres, cargando críos envueltos en sus pintorescas mantas y ponchos,   ofreciendo todo tipo de artesanía, pinturas, flautas (pinquillo) y tejidos (phitana).    Se respira pobreza, mucha pobreza, pero digna.  Vi poca mendicidad. Todos ofrecen algo para vender, baterías, goma de mascar, postales.  Después de recrearnos en la plaza que nos llenaba de paz y en la que en otra época corrió mucha sangre, admiramos la puesta del sol (inti) y entre luz y sombra destacaba la Catedral de Cusco como testigo de cientos de años. Al caer la noche, se ve en lo más alto de una montaña una gran cruz iluminada en señal de la Fe en Dios (Pachamac) de los peruanos.  Agotadas, regresamos al hotel arrastrando el cuerpo.  Había que madrugar para salir en tren a Machu Picchu, una de las siete maravillas del mundo, que celebraba 100 años de encontrada.  Tomamos otro té de coca y a la cama.
     Esa noche fue larga: María Adela con dolor de cabeza,  a Norma se le subió la presión, Christina se levantó varias veces al baño y desde mi cama, debido al insomnio que tuve por el exceso de té de coca, la veía planear con las manos extendidas para mantener el equilibrio.   Nuestras condiciones físicas no eran  las mejores para lo que nos esperaba. 
Jueves, 8 de septiembre del 2011- Felizmente amaneció; todas de pie y en el lobby a las 5:00 am. Nos trasladaron a la estación de tren Poroy, que quiere decir “acamparemos aquí por hoy”, nombre dado por Francisco Pizarro, según dicen al lugar después de que sus hombres habían caminado todo el día y ya no daban más. Este tren nos llevaría  al sueño dorado: Machu Picchu. 
El guía estoico como si fuera la esfinge de un rey Inca (Inka), pintado de bronce, nos observaba en silencio.  Entre la presión, el insomnio, el dolor de cabeza y la amiga planeadora, no hacíamos una.  El tren era cómodo; maletas estibadas, atención del personal esmerada, vista panorámica, el techo parcialmente de vidrio.  Se nos venían las montañas encima por decir lo menos.  Nos tocó de compañera de viaje una chilena que había dejado a un par de compañeros de viaje en el Cusco ya que no lograron continuar por el pésimo estado en que se encontraban.  La señora parecía que había sufrido nuestros cuatro malestares en uno.  Poco a poco con la conversación y el paisaje del rio Urubamba, que nos acompañó casi todo el camino, fue mejorando su estado de ánimo.  El nuestro se mejoró al contemplar el pico nevado  La Verónica. 
 Al serpentear el tren por la orilla del rio, aparecía y desaparecía  la montaña nevada o glaciar bajo un cielo celeste.  Estábamos entre las dos cordilleras: la de los Andes (Anti) y la cordillera Negra.  Que pequeñas e insignificantes nos sentíamos ante esa inmensidad que nos podía aplastar al menor movimiento de sus profundidades.  Llegamos a un punto donde el tren se detuvo y zigzagueó unas cuatro veces para bajar y quedar paralelo al rio Urubamba.  En la estación se bajaron algunos turistas que harían el viaje a pie por el camino del Inca (Inka).  Excursión que se puede hacer en dos ó cuatro días dependiendo de lo que el turista prefiera. 
    La cultura Inca (Inka)  (1200 – 1500 D.C) dejó manifestaciones artísticas, arquitectura, textiles,  orfebrería, cerámica,  astrología y organización milenaria.  Adoraban la madre tierra (Pachamama) y al sol (Inti).  El imperio Inca (Inka) se extendió por Colombia, Chile, Argentina, Bolivia y Ecuador.
     El viaje en tren fue de aproximadamente 3 horas donde nos ofrecieron un agradable snack y bebidas. Nosotras continuamos viaje hasta Aguas Calientes. 
Al llegar a la estación en Aguas Calientes, el guía que nos esperaba colocó todo nuestro equipaje en unos lockers. Para no perder ni un minuto del valioso tiempo, subimos a un autobús que nos llevaría a Machu Picchu 2.225 msnm. 
Aguas Calientes es una pequeña población de aproximadamente 2.000 habitantes. Su rivera está llena de gigantescas  piedras blancas como nunca habíamos  visto.  Toda la naturaleza del área es grotesca parece tierra de gigantes.  Las cámaras fotográficas no lograban captar la dimensión de las peñas por más empeño que le pusimos.  ¿Cómo llegaron esas piedras a ese lugar? ¿Caían por derrumbes? ¿Las había traído alguna corriente en el pasado?   De aquí en adelante todo eran preguntas sin respuesta.  A nuestro entender los Incas no habían dejado nada escrito, ni jeroglíficos.  Según la historia, habían prohibido escribir, el que lo hacía y era descubierto, sufría la pena de muerte.  
 Machu Picchu quiere decir Montaña vieja.  Comenzamos a subir y subir con precipicios a la vista de 1.000 metros o más.  Machu Picchu está construida en un filoso risco como a 2.000 pies de altura del rio y 7.000 pies de altura del mar.   Se dice que la construyó el más grande de todos los Incas, Pachacuti o Pachacutec que comenzó la expansión del imperio  en el siglo XV.  Se piensa que después de su muerte abandonaron Machu Picchu.  Sin embargo, cuando Bingham llegó a la cima habían dos indígenas viviendo  cerca de las ruinas: Richarte y Alvarez que aprovechaban lo que quedaba de terrazas o balcones para cultivar.
     Al principio en el Cusco, donde se estima que se originó la dinastía Inca, se hablaba Quechua y a medida que conquistaban el norte y sur iban imponiendo esa lengua.  Dicen que el hecho que los incas y los mayas usaran distintos implementos para la molienda del  maíz (sara) indica que sus culturas evolucionaron muy distantes una de la otra.   
Los Incas tenían mucho conocimiento de cultivo, astrología, astronomía, construcción, textil, clima, fabricaban chicha. Como mencioné anteriormente, los Incas veneraban el Sol (Inti), la luna (killa) y las estrellas (chaska).  El sol siendo el más importante de todos, porque sin el sol no hay cosecha y hay mucho frio.  Tenían mediciones por medio de mojones que salen de algunas piedras en distintas ruinas que indican el solsticio y equinoccio de verano que adoraban y el de invierno era temido. Se piensa que los sacerdotes sabían leer las sombras que originaba el sol durante los 365 días al año. En el equinoccio de  marzo segaban los maizales  con fiesta y regocijo, en el equinoccio de septiembre hacían una de las cuatro fiestas del solsticio;  21 o 22 de junio era fecha especial.   Tenían pasión por el  astro sol, y  amarraban una roca como si fuera el sol para que no se fuera.   Estas piedras se encuentran en distintas ruinas. En el Cusco está el templo del Sol Qoricancha. Dice la historia que tenía paredes enteras cubiertas de oro.  Sobre el Qoricancha se construyó el convento de Santo Domingo. 
     Durante la subida, Christina y yo apenas y mirábamos hacia el precipicio, el vértigo nos dominaba. Entre flores exuberantes, como el ave del paraíso y la vegetación tropical, seguíamos subiendo por el estrecho camino.  Señores,… y de pronto, al frente, se ve en lo más alto de la montaña las ruinas de “Huayna Picchu”, montaña nueva. Unos cuantos giros de timón a la izquierda, y otros a la derecha, en un pestañear, aparece el gran Machu Picchu.  ¡Es indescriptible!  ¿Cómo se puede construir una ciudadela, de esa calidad y magnitud, en lo más alto  del risco de  una montaña  que irrumpe en el cielo, rodeada de precipicios donde tocas el cielo, donde el sol sale, quema  y se pone, donde la luna (killa) alumbra, donde el cóndor vuela y la serpiente (amaru) se desliza?
     Mi primera impresión fue que era una obra construida por una comunidad esquizofrénica.  Hay laberintos (qenko) y cientos de escaleras (patapata) de tres, seis, cien escalones. Al llegar comenzamos a caminar por los estrechos pasillos adentrándonos por la ciudadela, subiendo escaleras de bloques de granito, jardines donde sembraban vegetales y plantas de coca, bloques más grandes que un humano de 10 o 15 toneladas.  Christina y yo, pegadas a las piedras, mirábamos con respeto hacia el precipicio.  Yo quería en ese momento ser una lagartija y usar mis ventosas para adherirme a  las ruinas.  Recorrimos toda la ciudad Inca, admiramos  el cuarto sin techo de las tres ventanas donde el sol aparece en las mañanas, la piedra serpiente (katari), las terrazas perfectamente diseñadas para los cultivos. Los incas tenían sistema de irrigación, canales por donde el agua (yaku) corría de terraza en terraza.  Sembraban papa, maíz (sara), coca. Vimos la plaza sagrada donde estaba el templo principal. Los morteros donde procesaban el maíz para la chicha (akjga).
      En la cúspide de la montaña de en frente, rodeada  por el rio Urubamba, a 2.500 pies de altura del rio está Huayna Picchu, saltaban un par de llamas (kkarhua).  Al terminar el recorrido, almorzamos el delicioso buffet que sirven en el restaurante del hotel que está a un costado de Machu Picchu: un delicioso ceviche mixto y papas a la huancaína acompañados con pisco sour.   
Todas bajamos llenas de la energía que da de este lugar mágico.  La sensación que yo tenía era que después de ver Machu Picchu ya no tenía que recorrer  ni ver más nada en el mundo.