jueves, 22 de noviembre de 2012

El Hombre que Salvó más Vidas en la Historia de la Humanidad



Es difícil establecer que ser humano ha salvado más vidas en la historia de la humanidad. Suelen citarse nombres como el de Sir Alexander Fleming, el inventor de la penicilina.
Pero no es descabellado dar este título a Norman Borlaug. ¿Su contribución? Cultivar alimentos para cientos de millones de personas.
En 1942, la población mundial rondaba los 2.300 millones de personas y la segunda guerra mundial estaba en su apogeo. Ese año, Norman Borlaug recibió su doctorado en genética y patología de las plantas. Su primer trabajo fue colaborar en el esfuerzo de guerra norteamericano desde la multinacional DuPont. Pero apenas dos años después se trasladó a México. Su objetivo era luchar contra un enemigo diferente, el hambre.

México tenia que importar la mitad del trigo que consumía lo que empobrecía irremediablemente a un país que ya era pobre de por sí. Borlaug trabajó en el desarrollo de nuevas variedades de trigo cruzando exhaustivamente las variedades locales y volviendo a combinar los resultados más prometedores. Como ventaja adicional, utilizó dos zonas diferentes del país para producir dos cosechas anuales y duplicar la velocidad de las mejoras. Sus variedades de trigo "enano" no solo eran más productivas, además podían soportar mayores variaciones climáticas.
El éxito de Norman Borlaug permitió que México fuese autosuficiente y le convirtió en el director del programa del trigo en Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo de México (CIMMYT). Era 1964 y la población mundial rozaba los 3.300 millones de personas. 1.000 millones de personas adicionales y la escasez de alimento empezaba a extenderse por Asia. Un par de años después, India importó 18.000 toneladas de semillas de México. El éxito fue tan grande que Pakistán siguió su ejemplo y las cosechas de ambos países se duplicaron en un corto espacio de tiempo. El mundo empezó a hablar de la “Revolución Verde”.
En 1970, Norman Borlaug recibió el premio Nobel de la Paz en un planeta con 3.700 millones de habitantes. Nueve años después se retiró para dedicarse a la formación de nuevos investigadores. Parecía el tranquilo final de una, más que meritoria, carrera. 
Sin embargo, una nueva crisis se estaba incubando en África. En los años sesenta, África era capaz de alimentarse de forma autosuficiente. Sin embargo, el explosivo crecimiento de la población hizo que su agricultura fuese incapaz de mantener el ritmo. Los ochenta vieron como las hambrunas se extendían por África mientras el mundo dudaba entre dar pescado o enseñar a pescar. Borlaug fue rescatado de su semi-retiro y comenzó a aplicar su filosofía de trabajo en varias naciones africanas. La combinación de nuevas variedades y técnicas de cultivo mejoradas volvió a tener éxito y consiguió aumentar el rendimiento de los cultivos.

Norman Borlaug murió en 2009 cuando contaba con 95 años y la población mundial rondaba los 6.800 millones de personas. Casi el triple de la población existente cuando finalizó su doctorado. Para bien y para mal, este también es parte de su legado. Un legado que no esta exento de críticas. Algunos dicen que salvó a la humanidad del hambre a cambio de reducir las variedades cultivadas, promover semillas caras y de fuentes limitadas, abusar de abonos y pesticidas sintéticos e intensificar la erosión del terreno cultivable.
Personalmente, no estoy de acuerdo con estas críticas. Se cometieron errores, como en cualquier actividad humana, pero la agricultura nunca ha sido una actividad “natural”. La evolución ha seleccionado las plantas y frutas que mejor han logrado reproducirse, no las que mejor nos alimentan.
Cruzar variedades y escoger ciertas características es tan antinatural, y tan antiguo, como un arado de metal. E igual de útil. Sin las contribuciones de Norman Borlaug, y sus colaboradores, la población mundial se habría triplicado con las mismas variedades de trigo y maíz para alimentarse. El triple de población implica el triple de espacio dedicado a campos de cultivos, el triple de agua, el triple de abono, el triple de impacto sobre los recursos naturales.
Y cada nuevo terreno de cultivo son menos bosques, menos zonas naturales, menos biodiversidad. Su trabajo ha ayudado tanto a la población actual como a las futuras generaciones. En sus últimos años, Norman Borlaug defendió el uso de cultivos modificados genéticamente como la mejor forma de mantener a la población alimentada mientras se preservan, en lo posible, las zonas naturales. Sinceramente, creo que puede ser nuestra única opción.
  *Norman Borlaug es el hombre que salvó más vidas en la historia de la humanidad", Josette Sheeran, directora del Programa Mundial de Alimentos (PAM) de las Naciones Unidas, 2009

Autor: Ambros
Fuente:
http://cienciadebolsillo.com/biologia-humanos-y-naturaleza/el-hombre-que-salvo-mas-vidas-en-la-historia-de-la-humanidad/gmx-niv44-con336.htm