viernes, 18 de enero de 2013

Magallanes: Una Travesía por los Confines de la Tierra

Proa al sur: El crucero Stella Australis se abre paso, enmarcado por picos nevados.

Por Luis Giannini / Lgiannini@clarin.com

Los colores intensos de la naturaleza, la historia y la fauna de la región de Magallanes animan un fascinante recorrido por el sur de Chile. Leyendas de navegantes, un crucero que explora el Cabo de Hornos y pesca deportiva.

La primera imagen que se obtiene al arribar a los confines del continente americano refleja intensidad, energía, casi vehemencia. Rayos luminosos traspasan las nubes y convergen con brillo inusitado sobre el paisaje, como manifiesta expresión de la naturaleza en todo su esplendor. Atónitos hasta donde alcanza la vista, resulta innecesario cualquier atisbo previo de fantasía o imaginación. Sucede que la contemplación es inmediata, directa, en el principio de un viaje en cuya hoja de ruta consta una visita a Punta Arenas –en el sur de Chile– y navegación con destino al Fin del mundo a través del Estrecho de Magallanes y del Canal de Beagle. 

Es una excursión patagónica por Tierra del Fuego, embarcados en una emocionante aventura, pletórica de historias y leyendas, que deja atrás tierra firme al adentrarse en canales y fiordos, en medio de los hielos eternos. Un recorrido que, además, trae consigo el reconocimiento de singular gastronomía, la práctica de pesca deportiva y el avistaje de elefantes marinos, pingüinos magallánicos y cormoranes. Todo ello está representado en un marco de inusuales fotografías, como telón de fondo de un gigantesco anfiteatro natural, que de a ratos acaricia la brisa tenaz, ligera y persistente del viento blanco.


Primera escala 

Punta Arenas es una de las cuatro comunas que integran la provincia de Magallanes, la más austral del territorio chileno. Las otras son San Gregorio, Río Verde y Laguna Blanca. Esta capital regional patagónica y bien sureña –cuya denominación proviene del castellano “punta arenosa”, en traducción del inglés sandy point– , presenta una diversidad climática en la que no escasean las bajas temperaturas y los fuertes vientos, que son más intensos en primavera y verano. Sus casi 18 horas de luz en temporada estival se reducen a sólo cinco en invierno. Mientras los puntarenenses se esfuerzan y ponen su acento en la actividad comercial, portuaria y productiva, los habitantes de las otras comunas lo hacen en la actividad ganadera, verdadera protagonista del paisaje en convivencia con la diversidad de la flora y fauna que lo caracteriza.

 
Este territorio tiene casi 37.000 kilómetros cuadrados y recibe en su extremo nororiental al paso fundamental interoceánico descubierto en 1520 por el portugués Hernando de Magallanes, el estrecho que lleva su nombre. Fue importante centro de intercambio y abastecimiento hasta la apertura del Canal de Panamá, a principios del siglo XX, suceso que menguaría sensiblemente su influencia mercantil y naviera. Lo que no se redujo fue su oferta de servicios y atractivos de gran nivel, que la convierten en lugar propicio para iniciar recorridos y excursiones por toda la geografía del sur de Chile y también lo hacen barcos y cruceros hasta el Cabo de Hornos y la Antártida. Tanto en el acontecer de un bello día soleado, como a la luz de la luna, se puede visitar, a sólo siete cuadras de la Plaza de Armas, en el cruce de las calles Fagnano y Señoret, el mirador del Cerro de la Cruz.



Mientras una silueta montesina protege un poco contra la intensidad del viento, desde su balcón complace una magnífica panorámica de la costa y de su puerto así como del estrecho, la Tierra del Fuego y el área sur de la península de Brunswick. Se avistan algunas embarcaciones que surcan estos mares australes previa mirada sobre los tejados de variados colores y de callejuelas en descensos perpendiculares hasta donde la bruma alcanza a disimularlas subidas a un espigón y brincando inclinadas a penetrar las aguas. De súbito, una suave, leve llovizna se transforma en intensa lluvia a la hora de cenar. Un tradicional restaurante aún mantiene sobre sus mesas la carta invernal de donde escoger el salteado de mote y lentejas en Ghee. En decisión unánime, se lo acompaña con un vino carménère (típica cepa de Chile) , maduro y enérgico. Hay maridajes que en su combinación estimulan principios sensitivos que permiten un placer sutil, delicado. 



Casi 60 km hacia el norte, de camino a la ciudad de Puerto Natales, un desvío hacia Punta Prat conduce hasta las pingüineras del seno Otway. A través de un sendero, se llega a la colonia de pingüinos magallánicos. Los movimientos de las simpáticas aves se pueden disfrutar a prudente distancia para no molestarlas. Mueve a ternura el instante de su ingreso con las crías desde la playa hacia sus nidos. 


Un crucero en el horizonte

Bajo los copos de nieve que blanquean Punta Arenas, la tripulación del crucero de expedición Stella Australis se apresta a soltar amarras e iniciar el periplo hacia el Cabo de Hornos, navegando antes por el estrecho de Magallanes, seno Almirantazgo, canal Murray y frente a las costas de la isla Navarino para anclar finalmente de frente a la ciudad argentina de Ushuaia. Un recorrido de cuatro días nos lleva a través de los fiordos, ventisqueros milenarios, cumbres con nieves eternas, ríos y mares gélidos como espectacular paisaje dibujado en un lienzo antes de transformarse en la representación vivaz de una pintura. 

Canales australes en la ruta del Beagle, en una travesía didáctica –a la intemperie en ocasiones– que nos ayuda a ejercitar el físico en medio de variada vegetación y la mirada atenta de animales marinos, que, curiosos, nos observarán en nuestro singular peregrinaje recreativo. 


El Stella ya surca las aguas con tranquilidad y viento en popa. A bordo, los pasajeros disfrutamos mientras tripulantes expertos acostumbrados a navegar estos canales estrechos y con difíciles condiciones meteorológicas realizan sus actividades habituales.


El tiempo en el barco se esfuma, no alcanza. Son tantas las alternativas, tentaciones y posibilidades. Navegamos ahora a través del seno Almirantazgo. Aparece en pendiente, en la bahía Ainsworth, el imponente glaciar Marinelli. El ventisquero, que está en pleno retroceso, se encuentra en la cordillera Darwin. A nuestra espalda, el Parque Nacional Agostini. 



Una caminata nos permite descubrir allí, durante un alto en la recorrida, rastros de los antiguos habitantes de esta comarca, los yámanas. Algunas particularidades identificatorias de su cultura nativa eran el esmero y dedicación que ponían en la construcción de las canoas. Constituían el elemento más trabajado y su propiedad más valiosa. Su vida dependía de ellas, ya que estaban hechas para mantenerse a flote aun con las aguas muy agitadas. Historiadores sostienen que los encargados de remar eran habitualmente los hombres, pero verosímiles leyendas dejaron fragmentos cuasi mitológicos de que en realidad eran las mujeres, macizas valerosas temerarias que se zambullían desde las embarcaciones a las profundidades heladas en busca de alimento, sustento para sus hijos que aguardaban expectantes su regreso en tierra. 


Los yámanas se esmeraban en apoderarse de pingüinos, cormoranes, cauquenes y otras aves. Los arcos con sus flechas, estas de punta de piedra tallada, eran bien elaborados y eficaces. Conseguían la materia prima de un árbol recto y firme, el canelo. Ambos sexos gustaban adornarse con pinturas, collares, muñequeras y tobilleras
Al continuar la marcha nos topamos con una madriguera de castores abandonada. Estos roedores fueron importados en 1946 desde Canadá a los territorios australes con la idea de reproducción, comercio de sus pieles y el logro de una buena ganancia. Parece que los animalitos no estuvieron de acuerdo. Redujeron el grosor de su piel dadas las diferentes temperaturas medias con respecto al norte de América, se reprodujeron sí, pero masivamente, y se expandieron por toda la Patagonia y Tierra del Fuego. Actualmente se han convertido en una plaga, no dejan árbol al que no le hinquen sus filosos dientes, lo que está dañando el bosque magallánico subantártico.


La actividad de los castores impacta sobre los ambientes naturales de la Patagonia chilena.


Islotes poblados
De regreso, sobre unos islotes curioseamos a unos carancas. Los machos son blancos con pico negro y las hembras son de color gris oscuro, con manchas blancas. El caranco selecciona las mejores algas para alimentarse con sus pichones. En caso de pérdida de la hembra, el macho se desorienta de tal manera que come cualquier cosa. 

Al día siguiente, con el alba, sin perder un solo segundo, corremos a la cubierta. El Stella se desplaza por el canal de Beagle y llega al glaciar Pía bajo una ligera nevisca. El viento transforma los copos menudos en una intensa nevada, cuando nos acercamos al embarcadero bien arropados y listos para el ascenso a la cima de un cerro vecino, para apreciar de cerca el bello paisaje que conforma la silueta del Pía junto a un rompecabezas de pedazos de hielo expandidos sobre el fiordo. 



 Un estruendo repentino nos obliga a dar vuelta y volver la vista atrás. Es el instante preciso en que un grandísimo trozo del glaciar se inclina, se desprende y cae pesadamente en las aguas. El suceso mereció un brindis con el scotch que nos acercó un miembro de la tripulación. Por la tarde, casi noche, el Stella Australis se introduce por la Avenida de los Glaciares, hielos eternos que custodian nuestra marcha hasta el sur del mundo. Desde el buque de expedición fotografiamos el desfile de enormes masas congeladas que descienden desde las montañas hasta el mar: Romanche, Francia, Alemania, Italia y Holanda.


En la madrugada, ya se navega en aguas más abiertas. El mar está embravecido, furioso. Ello no amilana a los 64 tripulantes y cerca de 180 pasajeros. El Stella continúa su marcha. Sin pausa penetra las olas una tras otra apartando la turbulencia hacia los costados. Desde las ventanas de los camarotes se ve el espumoso vaivén golpear y desvanecerse a babor y estribor. Un par de horas más tarde, acontecida la calma, nos encontramos bien espabilados y con el gusto de gozar a pleno del privilegio de estar frente al contorno del Parque Nacional Cabo de Hornos, el punto más austral de la tierra, el denominado fin del mundo. 
Capitanes de tormentas, marinos experimentados, piratas intrépidos no pudieron hacer pie en su suelo. Barcos de gran porte naufragaron y otros tardaron meses en seguir viaje. Emoción y alegría contenidas vaya uno a saber desde cuándo encontraron este magnífico momento para expresarse. Las lanchas zodiak van en busca de la costa. Luego del desembarco, 157 escalones nos llevan hasta la cima a recorrer su perímetro. Algunos viajeros agradecen en la pequeña capilla Stella Maris. 


Ushuaia a la vista
El último tramo de navegación nos introduce cerca de aguas internacionales argentinas. Con una espléndida vista nocturna de Ushuaia llega la despedida del Stella y el trayecto hacia la otra orilla, para dirigirnos a una posada en las inmediaciones de la ciudad chilena de Puerto Williams. 




En el viaje que realizara el navegante portugués Hernando de Magallanes, por ese entonces al servicio del rey de España, y durante el cual descubrió el Estrecho que comunica el océano Atlántico con el Pacífico, los marinos no establecieron contacto con los nativos.
Desde sus embarcaciones observaron una gran cantidad de fogatas, encendidas por los habitantes que poblaban la Isla Grande. Esos fuegos fueron vistos por Magallanes y su tripulación, lo que llevó a que bautizaran a todo este territorio insular, al sur del estrecho, como Tierra del Fuego. Al final del continente, junto a un cortejo de islas menores que se desgranan hacia el sur, hasta el Cabo de Hornos, esta isla atrae a viajeros que recorren y encuentran un lugar ideal para incorporar conocimientos, cultura, actividades deportivas, posibilidades de acceso a lagos y ríos para la pesca con mosca, sobrevuelos sobre montañas y fabulosos glaciares, circuitos de trekking, turismo de estancia. 



Tierra del Fuego –parte de la Patagonia chilena– nos aguardaba con sorpresas. Esta zona, la más austral de América y tierra virgen por donde se la recorra, aparece casi como un destino exótico, en el que se pueden encontrar ballenas, elefantes marinos, focas, pingüinos. Una aventura que no sólo brinda la oportunidad de entrar en contacto con animales de especies únicas en el mundo, sino que también permite disfrutar de pasatiempos formidables.
La pesca con mosca fue uno de los más divertidos. La riqueza de truchas hacen de esta vasta geografía uno de los mejores lugares de Latinoamérica para este deporte. A pesar de lo que muchos creen, no serían las atractivas moscas o cucharitas las que llevarían a la trucha a morder el anzuelo. La trucha se enoja, se excita, porque es celosa custodia de su territorio y, cuando el pescador efectúa su lanzamiento y el pez alcanza a ver el brillo del señuelo, pega el salto en defensa de lo que considera una invasión impertinente.

A orillas del lago Deseado, en un lodge de igual nombre brindan todo lo necesario para principiantes y aficionados. Un lugar con una vista, a lo lejos, entre montañas, del límite con Argentina. Acomodados en varios kayaks, dimos allí con una arco iris a la que bautizamos Mona Lisa . Esquivo, el grisáceo salmónido, con una fuerte raya azul a sus costados, parecía divertirse con nuestra impericia. Hasta que en un descuido lo sorprendimos.
Mona Lisa luchó denodadamente y se ganó nuestro respeto, pero apenas la tuvimos con nosotros. La pesca deportiva honra a quien la practica, así que fue devuelta inmediatamente a su hábitat. 


Antes de partir, uno de los dueños del predio, al que llaman risueñamente Sr. Deseado , nos obsequió una receta para que la compartiéramos a nuestro regreso. Ahí va: abrir una trucha al medio, salpimentarla, agregarle perejil, manteca, cebolla, ají verde y cebollita de verdeo en trocitos salteados. Cerrar y envolver con cinco capas de hojas de diario bien mojadas y tirar sin miedo sobre las brasas. Luego de la cocción, la última hoja queda pegada a la piel de la trucha. Se las arranca juntas y listo. Delicioso.

Truchas en el lago Fagnano
A puro cachete (a todo trapo), como dicen por aquí, no quedó nada pendiente o por hacer. Los pescadores expertos reconocen el lago Fagnano como “el Grand Slam”, porque allí abundan las variedades de trucha fontinalis, arco iris y marrón, entre otras especies. Y para concluir, un rápido paseo por la capital fueguina chilena, Porvenir, en la culminación de un maratónico tour que dejó recuerdos de novedosas sensaciones, desafíos e intensa actividad.

Unos pequeños aventureros que disfrutaron compartir siete días de cálida camaradería y agradable compañía. Hay ocasiones en la vida en las que nos sentimos dichosos, dueños del mundo. Así fue allá abajo, cerca de las raíces, donde el sur siempre existe.

MINIGUIA
COMO LLEGAR. LAN vuela de Buenos Aires a Punta Arenas vía Santiago de Chile. El pasaje ida y vuelta con impuestos en Económica cuesta desde US$ 407; en Premium Business, US$ 1.518 (0810-9999-526, www.lan.com). Aerovías DAP ofrece vuelos regulares desde Punta Arenas hasta Porvenir y Puerto Williams, en Tierra del Fuego. También hay chárteres de turismo (www.aeroviasdap.cl).
DONDE ALOJARSE. En Punta Arenas, hotel Diego de Almagro: habitación doble, US$ 172; 3 n. con desayuno para 2 con vista al mar, US$ 334 (vps@dahoteles.com). En Puerto Williams, lodge Lakutaia: habitación doble, desde US$ 250. Promo Cabo de Hornos (4 d./3 n.), US$ 1.970, la doble (ventaspatagonia @lakutaia.cl; www.lakutaia.com) Lodge Deseado, en Lago Deseado; hab. doble con desayuno, US$ 280 (www.lodgedeseado.cl). Hostería Las Lengas (km 260 Sur, Lago Blanco): habitación doble con desayuno, US$ 233; cabaña para cuatro personas, US$ 146; menú Las Lengas (entrada, sopa, plato principal, postre, café o té), US$ 39 (00-56- 61226010).
DONDE COMER. En Punta Arenas, restaurante La Luna: timbal de centollas, US$ 17; chuletas kassler, papas al vapor y sal-sa de Patagonia, US$ 21,50; ostiones a la parmesana, US$ 19; pisco sour doble, US$ 6,50 (www.laluna.cl). En el restaurante La Marmita, cocina mestiza de autor: pulmai (curanto en olla), US$ 24; atún sellado en queso con taboule de quínoa, US$ 17,50; congrio colorado y risotto de hongos silvestres al cilantro, US$ 13,50 (www.marmitamaga.cl). En el restaurante Remezón Patagonia Salvaje, pierna de guanaco estofada con cerveza austral y fettuccines al morrón rojo, US$ 18,40; merluza negra asada al horno y chupe de espinacas, US$ 22,80; castor y kai-kén semiconfitados con tomates, es-párragos asados y papas del día, US$ 20,40 (www.patagoniasalvaje.cl).
QUE HACER. Crucero de expedición Stella Australis Cape Horn & Patagonia de Punta Arenas a Cabo de Hornos y Ushuaia (4 n.), con servicio “all inclusive” (de septiembre a abril), desde US$ 1.258 (www.australis.com). Excursión en avión Cessna de DAP para 8 pasajeros (2 horas de vuelo), US$ 300 por persona. Pingüineras Seno Otway (15/10 al 15/3), US$ 45 (www.turisotway.com.cl). Traslados en bus desde Punta Arenas hasta Puerto Natales, US$ 18 (infocomapa@comapa.cl). Excursión de Puerto Porvenir a Parque Pingüino Rey (Ruta Y-85 Km 14, Bahía Inútil, Tierra del Fuego); entrada al parque, US$ 24 (www.pin guinorey.com). Williams Express (2 d./1 n.) desde Puerto Williams; visita guiada al Et-nobotánico Omora Park, que conserva bosques en miniatura de flora magallánica (www.lakutaia.com). Pesca con mosca de noviembre a marzo. Programas de hasta una semana entre bosques y montañas, con variadas opciones de recorridos y precios (Rafael González, 00-56- 979578636 / rafael@magallanesflyfishing.com / www.magallanesflyfishing.com).
MONEDA. 1 dólar estadounidense equivale a 473 pesos chilenos.
ATENCION. Para viajar a la Patagonia chilena conviene llevar ropa de abrigo, como parka y pantalones impermeables, gorro, pulóveres, medias, guantes y zapatillas de trekking o excursión. Llevar un bloqueador solar y anteojos de sol espejados. Hay que tener en cuenta la temporada elegida, ya que algunos establecimientos permanecen cerrados durante el invierno.

INFORMACION:
www.sernatur.cl
www.thisischile.cl
www.comapa.com
www.soloexpediciones.com

Fuente: http://www.clarin.com/viajes/travesia-confines-Tierra-magallanes-chile_0_842315769.html
http://www.hotelcabodehornos.com/patagonia/strait-of-magellan.htm