domingo, 6 de enero de 2013

Desmontando a Messi




PorJulían Díez y Ana Tagarro

Tiene más títulos que Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona, los otros reyes del fútbol con quienes se puede comparar. Acaba de batir el récord de goles marcados en un año natural, va camino de ganar el cuarto Balón de Oro... y solo tiene 25 años. Messi es excepcional en el campo, «de otro planeta», como repiten sus compañeros, pero es difícil saber cómo es fuera de él. El argentino apenas habla. Por eso hemos mirado a su alrededor. Así lo ven quienes mejor lo conocen. 

El jugador acaba de prorrogar su contrato con el Barça hasta 2018 por 15 millones de euros netos al año. Además están sus ingresos publicitarios, que rondan los 20 millones.


Leo Messi rueda un anuncio. Hace lo que se le dice, pero su expresión deja claro que espera que la sesión acabe cuanto antes. En un momento dado, el director del 'spot' le pide que dispare a puerta desde unos veinte metros de distancia para que lo recoja la cámara que está sujeta en el ángulo derecho de la portería. El tiro no parece fácil. El director le pregunta si será capaz de hacerlo. Y ahí es donde se equivoca. Messi lo mira, toma carrera y chuta. Se oye un ruido de metales y cristales rotos. Messi ha hecho volar la cámara de un pelotazo. Hay risas en el set. El director manda repetir la escena: «Ahora, por favor, apúntale a la cámara. Pero no le pegues». Messi se ríe por lo bajo. No le gusta que confundan al futbolista genial con el chico que parece frágil fuera del campo.


Messi, dentro del campo, es otro. Normalmente, los futbolistas se parecen dentro y fuera de la cancha: la chulería de Cristiano, la elegancia de Zidane, la picardía de Ronaldinho, el descaro de Maradona... Pero Messi, no. Él es distinto dentro y fuera. Lo confirma Leonardo Faccio, que ha tenido un acceso insólito al jugador y su entorno para escribir su biografía. Ningún amigo habla del astro sin consultarle, pero Messi se lo permitió a él. Lo que prueba, dice, que no es tan desconfiado como parece y que es bastante más listo de lo que muchos creen
«Es muy inteligente. Pero tiene otro tipo de inteligencia -afirma Faccio-. Es intuitivo. Con las palabras no se siente cómodo, pero en el mundo de la acción es brillante. Alguien que es capaz de reaccionar como hace él en milésimas de segundo, que tiene esa capacidad para la anticipación, que es capaz de 'fabricar' una jugada, no puede no ser inteligente».

«Pero mientras en el campo es improvisador, en el plano personal recurre siempre a la seguridad, a su familia, a lo conocido -prosigue-. Fuera del campo lo que más le gusta es dormir. No perdona la siesta. De dos o tres horas. Lo hace para recuperar fuerzas, pero sobre todo porque no le apetece hacer otra cosa. Se aburre con casi todo lo que no sea fútbol; nunca acaba de ver las series y hasta de los videojuegos se cansa. Tiene éxito con las mujeres. Siempre lo tuvo, según dicen sus amigos. A Antonella la conoce desde que tienen 4 o 5 años. Messi dice que siempre se gustaron, pero no empezaron una relación hasta que tenía 16 o 17 años. No ha tenido otra novia formal». «Las mujeres fueron y son fundamentales en su vida -confirma Faccio-. Su abuela (a la que dedica los goles) y su madre (a la que lleva tatuada) son determinantes. Y ahora está Antonella. En ellas busca refugio y él se refugia siempre en la infancia».


Es vanidoso, pero sin estridencias. «No le gusta que las marcas de sus ropas sean muy visibles, pero aprecia los perfumes dice. Sus amigos coinciden en que Messi siempre huele bien. Un perfume es siempre un buen regalo».
¿Adónde puede llegar? «No tiene un techo. Construyó su identidad en torno al fútbol. No creo que su aspiración sea batir récords, sino jugar. Por supuesto tiene ambición ganadora, pero es que el fútbol es su vida. Le da las mayores alegrías y las mayores tristezas. Sigue llorando cuando pierde y quiere jugar todos los partidos. Como cualquier niño», concluye su biógrafo.
Compartí habitación con Messi en el Mundial de Sudáfrica. Hubo dos días que vi a Leo un poco nervioso. Fue antes del primer partido con Grecia, cuando Maradona le ofreció el brazalete de capitán. Pero no era la responsabilidad del liderazgo lo que lo incomodaba; lo que lo desvelaba era que tenía que dar un discurso ante sus compañeros. Dos días estuvo pensando qué contar. '¿Qué digo?', me preguntaba. Yo le dije: 'Decí lo que sentís y te va a salir solo'. Dijo algo, pero se trabó porque no sabía cómo seguir. Contó que estaba muy nervioso. Y salimos a la cancha. Él es así. Antes de un partido es solo un chico sentado en un rincón. No se venda. No usa tobilleras. Un partido del mundial lo juega como si jugara con los amigos del pueblo».


Unos socios míos en Argentina vieron a Leo con 11 años. Me dijeron que era muy, muy bueno y que quería venir aquí, a España, pero había que buscar un equipo con unas características determinadas: una ciudad en la que pudiera seguir el tratamiento para el crecimiento, que era caro y era lo que motivaba su traslado, y, además, donde el padre pudiera tener trabajo -rememora Gaggioli-. Hicimos alguna llamada al Real Madrid y el Atlético, pero no se concretó nada, y finalmente cerramos la cita con el Barcelona. Cuando vi a Leo bajar del avión, me quedé con la boca abierta: pensé que me había metido en un lío realizando tantas gestiones para que vieran a un muchacho tan bajito y delgado.
Tardaron diez días en hacerle la prueba porque Charly Rexach estaba de viaje. Cuando empezó el partidillo que le montaron, ¡Rexach se fue a los diez minutos! Yo pensé que no la había pasado. Pero al día siguiente me dijo que necesitaba ver más y organizaron otro partido. Fue tremendo. Fabián Soldini, que lo había entrenado allá, estaba con él. Solo le dijo: «Leo, haz lo que sabes. Coges el balón, no pases a nadie, y hasta la portería». Jugaba con chicos hasta dos años mayores que él, pero metió cinco goles y puso dos al poste. Tenía algo especial. Ahora bien, nadie pensó que podría llegar adonde ha llegado. ¿Por qué ha ocurrido? Es el único de los grandes futbolistas de la historia que ha pasado por una escuela de formación como La Masía, y eso le da un plus. Por otra parte, como el propio Leo ha reconocido, juega junto con nueve campeones del mundo. Eso es algo extraordinario. Creo que puede pulverizar todos los récords, salvo quizá el de goles en toda su carrera. Es difícil que supere los 1200 de Pelé. Aunque, quién sabe, parece capaz de todo».

Fuente: http://www.finanzas.com/xl-semanal/magazine/20121230/desmontando-messi-4395.html